lunes, 14 de junio de 2010

Fundamentos: Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

- Como podría decirse que los antiguos físicos se dieron cuenta de pronto de que sabían muy pocas matemáticas para poder dominar la física, así puede decirse que los jóvenes se encuentran de pronto en una situación en la que el entendimiento normal, sano ya no alcanza. Todo se ha enredado tanto que, para dominarlo, haría falta un entendimiento excepcional. Pues ya no basta con poder jugar bien el juego, sino que siempre se plantea la pregunta ¿Hay que jugar este juego y cuál es el juego correcto? (148, Vermischte Bemerkungen).

- Nuestros niños aprenden ya en la escuela que el agua está formada por los gases de hidrógeno y oxígeno, o el azúcar por gas carbónico, hidrógeno y oxígeno. Quien no lo entiende es tonto. Los problemas más importantes se ocultan (Vermischte Bemerkungen, 399).

- Creo que la educación de los hombres se dirige actualmente a reducir la capacidad de sufrimiento. Hoy en día se tiene por buena una escuela if the children have a good time. Antes no era esa la medida. Y los padres desean que los niños sean como ellos son (only more so) y, sin embargo, los hacen pasar por una educación que es completamente diferente a la de ellos. -La capacidad de sufrimiento no vale nada, pues no debe haber sufrimiento, en realidad ha envejecido.

Fundamentos: Friedrich Nietzsche (1844-1900)

Vid: Humano, demasiado humano.

- [56] Quien no pide a las cosas nada más que conocerlas, llega fácilmente a vivir en paz con su alma, y todo lo más por ignorancia, pero difícilmente por concupiscencia, es por lo que errará. Ya no querrá excomulgar o extirpar los apetitos; pero su único objetivo, que le domina enteramente, de conocer en todo momento tanto como le sea posible, le dará sangre fría y dulcificará todo lo que hay de salvaje en su naturaleza.

- [224] En el hombre considerado aisladamente, la tarea de la educación es esta: crearle una madurez de espíritu tan firme y segura que, en conjunto, no pueda ser nunca desviado de su ruta. Pero entonces, el deber del educador es causarle heridas o aprovechar las que le cause el destino, y cuando así el dolor y la necesidad haya nacido, pueda haber en los puntos dañados inoculación de algo nuevo y noble. Toda la naturaleza la acogerá en sí misma y luego dejará que este ennoblecimiento se manifieste en sus frutos.

- [228] El cerco educador desea hacer a todo el hombre subordinado, poniéndole siempre ante los ojos el menor número de posibilidades. El individuo es tratado por sus educadores como si fuese, en verdad, algo nuevo, pero debiese llegar a ser una réplica. Si el hombre aparece primeramente como algo desconocido que no ha existido nunca, debe ser reducido a algo nuevo, ya existente. Lo que se llama un buen carácter en un niño es la prueba de que es siervo de la conducta existente: al ponerse del lado de los espíritus siervos, el niño anuncia primero su sentido común que se despierta; pero, al fundarse en este sentido común, se hará útil después a su estado o a su clase.

- [242] Una educación que no cree ya en el milagro habrá de tener presente tres cosas: cuánta energía se hereda; segundo, en qué puede inflamarse aún una nueva energía, y tercera, cómo el individuo puede adaptarse a estas exigencias tan múltiples de la cultura, sin que estas se enturbien y pierdan su unidad. En una palabra: como individuo puede ser iniciado en el contrapunto de la cultura privada y pública, cómo puede a la vez seguir la melodía y, cómo la melodía, darle acompañamiento.

- [265] La escuela no tiene deber más importante que dar rigor al pensamiento, prudencia al juicio, consecuencia al razonamiento.

- [372] La ironía no es conveniente sino como método pedagógico, por parte de un maestro en sus relaciones con sus discípulos de cualquier índole que sean: su finalidad es la humillación, la confusión, pero de esa especie saludable que despierta buenas resoluciones y que reporta a quien nos ha tratado así respeto, gratitud, como a un médico. El ironista afecta un aire de ignorancia, y con tal arte que los alumnos que conversan con él se engañan, adquieren confianza en la convicción de su propia superioridad de saber y se entregan a disputas de todo género: pierden su reserva y se muestran tal como son, hasta que, en un momento dado, la luz que emanaba de la frente de sus maestros caiga de manera muy humillante sus rayos sobre ellos mismos. Allí donde no hay una relación semejante a la del maestro alumno, es un mal procedimiento, una afectación vulgar.

Fundamentos: John Dewey (1859-1952)

- Dewey define su filosofía como un naturalismo empírico. El pensamiento es una forma altamente desarrollada de la relación activa entre el organismo vivo y su ambiente. El pensamiento teórico -la distinción entre sujeto y objeto, por ejemplo- presupone unas relaciones anteriores y se desarrolla a partir de ellas. A medida que los organismo vivos van siendo más complejos, su entorno se vuelve más ambivalente: va siendo más inseguro qué tipo de respuestas o acciones es el exigido por los intereses de la vida, qué acciones encajarán mejor en una serie que mantenga la continuidad de la vida. Y "en la medida que tales respuestas sustituyan a la duda como duda, adquieren una naturaleza mental". Cuando tales respuestas muestran una tendencia directa a transformar lo precario en seguro y a solucionar lo problemático, "son tan intelectuales como mentales". El fin del pensamiento, estimulado por una situación problemática, es transformar o reconstruir el conjunto de condiciones antecedentes que han planteado el problema o la dificultad. En otras palabras, tiende a producir un cambio de ambiente. "No hay ninguna investigación que no implique algún cambio en las condiciones circundantes". La conclusión a que llega el proceso investigador es una acción o un conjunto de acciones proyectadas, un plan de acción posible que transformará la situación problemática. El pensamiento es instrumental y tiene una función práctica. Puede considerársele parte de un proceso total de actividad por el cual el hombre trata de resolver las situaciones problemáticas produciendo ciertos cambios en su ambiente, transformando una situación "indeterminada", en una situación "determinada", en un conjunto unificado. Todo proceso investigador presupone el reconocimiento de una situación problemática como problemática. Puede decirse que interrumpe la respuesta, si se entiende por tal una respuesta instintiva o una respuesta que es simple consecuencia de un cierto hábito establecido. El pensamiento siempre es en cierto sentido práctico, sea al nivel de sentido común o al nivel de la teoría científica. En ambos casos es una forma de hacerse cargo de una situación problemática. La premisa de fondo que maneja Dewey es que "el hombre que vive en un mundo de causalidades, tiene que procurarse una seguridad". Toda idea, por eso, es un plan de acción posible.

- De hecho "las operaciones intelectuales están prefiguradas en el comportamiento de tipo biológico, y éste prepara el camino para aquel". El pensamiento debe ser representado como un producto de la evolución. La experiencia es en general una transacción, un proceso de acción y reacción, una relación activa entre un organismo y su entorno. La experiencia primaria o inmediata tiene un carácter no cognoscitivo. No contiene "ninguna división entre el acto y lo material, como la que se da entre sujeto y objeto, sino que los contiene a ambos en una totalidad indivisa. El sujeto no objetiva lo que experimenta a modo de un signo con un sentido o significado. Tales distinciones surgen sólo después de la reflexión, Y una cosa asume o se reviste de significado, sólo en tanto resultado de un proceso de investigación o pensamiento. "El conocimiento no es una distorsión o perversión que adjudique a su objeto (subject-matter) unos rasgos que no le pertenecen, sino un acto que confiere al material no cognoscitivo unos rasgos que no le pertenecían".

- Dewey desea liberarse de la "epistemología del espectador". Se nos plantea entonces el problema de tender un puente entre el proceso del conocer, que se produce totalmente dentro del sujeto-espectador y el objeto indiferente al hecho de ser conocido. Pero si entendemos que el objeto del conocimiento como tal llega a ser a través del proceso de conocer, el problema desaparece. Dewey intenta describir el proceso del conocer como una forma altamente desarrollada de la relación entre un organismo y su entorno, relación que produce un cambio en el entorno. Su finalidad es unificar la teoría y la práctica, por eso el conocimiento es un hacer, o elaborar, más que un ver.

- En busca de seguridad, y por tanto de certeza, el hombre sabe que el mundo empírico que es cambiante, nunca se la proporcionará. La filosofía clásica, Platón, formuló una distinción entre el mundo cambiable y la esfera del ser y la verdad inmutables. Es el primer divorcio de la teoría con la práctica. Con la ciencia moderna aparece una nueva actitud con respecto al cambio. Porque el científico ve que sólo puede entenderse el proceso del cambio relacionando los fenómenos y dentro de ciertos límites sólo puede controlársele produciendo los cambios que deseamos e impidiendo los que consideramos indeseables. Así "nace el problema primordial de la filosofía moderna: la relación entre la ciencia y las cosas que apreciamos y queremos y que tienen un cierto poder en la dirección de la conducta". Los filósofos han intentado reconciliar la idea científica del mundo, tal como ellos la concebían con una afirmación de la realidad de los valores, desarrollando por ello distintas versiones de la misma dicotomía o dualismo que caracterizó el platonismo. El naturalismo de Dewey le obliga por ello a incluir los valores en la naturaleza: el progreso científico no debería representar ningún tipo de amenaza contra la realidad del valor. "¿Por qué no nos dedicamos a emplear nuestros éxitos científicos para mejorar nuestros juicios sobre los valores y para regular nuestras acciones a fin de que nuestros valores sean más seguros y tengan una parte mayor en la existencia?". "La existencia de lo inevitable (los valores) no necesita pruebas". Pero los afectos, deseos, propósitos y artificios del hombre necesitan ser dirigidos y esto sólo es posible por medio del conocimiento. Aquí la filosofía puede servir como guía. El filósofo puede examinar los valores e ideales aceptados por una sociedad determinada a la luz de sus consecuencias, y puede al mismo tiempo tratar de resolver las contradicciones entre los valores. Así puede decirse que la filosofía es esencialmente práctica.

- Dewey ratifica la idea hegeliana de que "la tarea de la filosofía futura es la de clarificar las ideas de los hombres respeto a las contiendas sociales y morales de su época. Su objetivo es llegar a ser, en la medida de lo humanamente posible, un órgano para tratar tales conflictos”. Podemos entender por ejemplo la aserción de Dewey de que en el debate en la filosofía política entre el individuo y el estado no ha surgido ninguna luz clarificadora. Lo que se necesita es "echar luz sobre este o aquel grupo de individuos, este o aquel ser humano concreto, esta o aquella institución o convenio social especiales". Dewey desprecia los conceptos y teorías generales, en tanto divorciadas de la vida y la experiencia concretas, una idea de la filosofía como actividad puramente contemplativa. El verdadero logro de la reconstrucción de la filosofía se encuentra en el desarrollo de unos métodos para reconstruir las situaciones problemáticas específicas. Transferir el método experimental al campo de la vida humana. Tal transferencia requiere una teoría general del método experimental, en tanto la aplicación del método "implica una dirección ideológica y epistemológica".

- Los principios lógicos básicos no son verdades trascendentales que trasciendan el mundo empírico mudable y que haya que aprehender instintivamente: los produce el proceso real de la relación activa del hombre con su entorno. "Generalizar el reconocimiento de que lo verdadero significa lo verificado, y no otra cosa, carga al hombre con la responsabilidad de deponer los dogmas morales y políticos y someter al test de las consecuencias sus más caros prejuicios". Esta es una de las razones principales por las cuales la teoría instrumentalista de la verdad produce el miedo y la hostilidad en muchos pensamientos.

- La actividad conscientemente dirigida hacia un fin considerado valioso por el agente, presupone unos hábitos a modo de disposiciones adquiridas para responder de una forma determinada a determinadas clases de estímulos. "El acto debe preceder al pensamiento, y el hábito a la capacidad de evocar el pensamiento a voluntad". Nuestras ideas, como nuestras sensaciones dependen de la experiencia. "Y la experiencia de la cual ambas dependen es obra de los hábitos; originariamente de los instintos". Nuestros propósitos y fines, en la acción, nos vienen a través de los hábitos. Los hábitos en cuanto exigencias de cierto tipo de acciones "constituyen el yo y el carácter es la interpretación de los hábitos". Toda la vida moral, en tanto se admite que implica la aparición de elementos nuevos, debe considerarse como un desarrollo de la interacción del organismo humano y su entorno. Las costumbres que son uniformidades del hábito ampliamente difundidas, "persisten porque los individuos forman sus hábitos personales en condiciones establecidas por costumbres anteriores. Normalmente un individuo adquiere la moral del mismo modo que hereda el habla del grupo social. A fines prácticos, la moral significa las costumbres, los modos populares, los hábitos colectivos establecidos". "La dirección de la actividad innata depende de los hábitos adquiridos y los hábitos adquiridos pueden ser modificados sólo redirigiendo los impulsos". En la vida social si las costumbres de una sociedad han pasado de moda o se han vuelto perjudiciales, y si la situación se abandona a sí misma, la revolución es inevitable, a no ser que la sociedad simplemente quede sin vida y fosilizada. La única posibilidad es la redirección inteligente del impulso hacia otras nuevas costumbres y la creación inteligente de instituciones nuevas. En resumen "un corte en la corteza de la tarta de la costumbre libera los impulsos; pero a la inteligencia le corresponde buscar las formas de usarlos". La inteligencia vislumbra los fines a partir de las condiciones en forma de hábitos: su actividad es llevarlos más allá de ellos mismos. Los fines "son consecuencias previstas que surgen a causa de la actividad y que sirven para dar a la actividad un nuevo significado y para dirigir su curso futuro". La función de la inteligencia es la de pensar y realizar las posibilidades de crecimiento, de reconstrucción de la experiencia. De hecho "el mismo crecimiento es único fin moral". Además, "el único fin es el crecimiento o la reconstrucción continua de la experiencia". "El bien consiste en el significado que atribuimos a una actividad cuando el conflicto y el enredo de varios impulsos y hábitos incompatibles acaba en una liberación por la acción unificada y ordenada". El fin moral es el crecimiento en el sentido de un desarrollo dinámico de la naturaleza humana armoniosamente integrada, siempre que no veamos como fin último un estado de perfección fijo y determinado. Dewey sabe que preguntar si algo es un valor es preguntar si "es algo apreciable y estimable, algo que debe ser disfrutado"; de ahí la definición siguiente: "Los juicios sobre los valores son juicios sobre las condiciones y resultados de los objetos experimentados: juicios sobre lo que se debe regular la formación de nuestros deseos, afectos y goces". Un valor es algo que se adapta "a las necesidades y exigencias impuestas por la situación", es decir, algo que se enfrenta con las exigencias de una situación problemática objetiva con vistas a su transformación o reconstrucción. "La valoración de los modos de acción como mejores o peores, más o menos útiles, está experimentalmente justificada en la medida en que no consiste en proposiciones valorativas de un objeto impersonal".

- Todas las acciones llevan el sello de la comunidad con la misma fuerza que se lleva el lenguaje en el habla. La función de la filosofía política es criticar las instituciones existentes a la luz del desarrollo y de las necesidades mudables del hombre, y discernir y señalar las posibilidades prácticas, para que el futuro pueda hacer frente a las necesidades del presente. El examen de estas instituciones es "su contribución al crecimiento completo de cada miembro de la sociedad". Por este motivo es partidario de la democracia: por cuanto está fundamentada "en una fe en las posibilidades de la naturaleza humana, una fe en la inteligencia humana y en el poder de la experiencia en colaboración y cooperación". Así "la primera condición de unos ciudadanos organizados democráticamente es un tipo de conocimiento y aprehensión que todavía no existe", si bien pueden indicarse las condiciones para que exista: el establecimiento del libre uso del método experimental en la investigación y el pensamiento sociales. De hecho el valor de las instituciones se mide por el grado en que ellas facilitan el crecimiento individual. En efecto "el proceso educativo y el proceso moral son una misma cosa". Y la educación "toma del presente el grado y el tipo de crecimiento que hay en él". Y puesto que la potencialidad del crecimiento no cesa con el fin de la adolescencia, no hay que concebir la educación como una preparación para la vida. La misma educación es un proceso de vida. De hecho "el proceso educativo no tiene un fin fuera de sí mismo: él mismo es su fin".

- Dewey insiste en la necesidad de hacer de la escuela una comunidad real que reproduzca en una forma simplificada la vida social y provoque el desarrollo de la posibilidad del niño de participar en la vida de la sociedad en general. Impresionado por la falta de interés que muestran muchos niños por las enseñanzas escolares y el vivo interés que muestran por las actividades ajenas a la escuela en las cuales participan activamente, llega a la conclusión de que los métodos escolares deberían ser cambiados, para permitir al niño participar activamente tanto como sea posible en los procesos concretos de la investigación que conducen desde las situaciones problemáticas hasta el comportamiento creativo o hasta acciones externas necesarias para transformar la situación. Su tesis principal es que la educación no debe ser simplemente una instrucción sobre distintos temas, sino más bien un esfuerzo coherente y unificado para fomentar el desarrollo de unos ciudadanos capaces de promover el crecimiento futuro de la sociedad, sirviéndose de la inteligencia en un contexto social.

- "La experiencia religiosa es una realidad en la medida en que en medio del esfuerzo por prever y regular los objetivos futuros somos sostenidos y desplegados en la debilidad y en el fracaso por el sentido de una envolvente realidad". Dewey dejó bien claro que dejaba de lado todo credo definido y toda práctica religiosa, pero que daba valor a la actitud religiosa. Asocia la fe con "la unificación del yo por la fidelidad a unos fines ideales que lo incluyen todo, fines que la imaginación nos ofrece y a los cuales responde la voluntad humana considerándolos dignos de controlar nuestros deseos y posibilidades de elección". Los ideales religiosos "no están completamente incorporados a la existencia, ni tampoco son unos ideales que sean simples ideales sin base, utópicos. Porque hay en la naturaleza y en la sociedad fuerzas que producen y sostienen los ideales. Estos son unificados luego por la acción que les da una coherencia y una solidez. A esta relación activa entre lo ideal y lo real es a lo que yo daría el nombre de Dios". La religión por ello puede difundirse a la totalidad de la vida, puesto que "el yo apunta siempre a algo que está más allá de sí mismo". A pesar de todo nunca estuvo de acuerdo con la metafísica que acompaña a las religiones: "la aprehensión genérica de la existencia, la única que puede definir a la metafísica en un sentido empíricamente inteligible, es ella misma un hecho sobreañadido, o una interacción y está sometida por tanto al mismo requisito de inteligencia que cualquier otro hecho o ser: a saber, la investigación de las relaciones, directrices y consecuencias de lo que descubre. El universo no es una serie infinita auto-representativa porque al serle añadida una representación se convierta en un universo distinto".

Fundamentos: William James (1842-1910)

- El significado de la palabra experiencia es sumamente impreciso. Según James la experiencia ordinaria, por la cual nos damos cuenta de que hay distintas categorías de cosas y relaciones nace de la pura experiencia, definida como "el flujo inmediato de vida que nos proporciona el material para una reflexión posterior con categorías conceptuales". La experiencia pura no es ni física ni psíquica: lógicamente precede a esa distinción; es neutra.

- El pragmatismo es una manera de zanjar disputas teóricas: si dos definiciones aparentemente diferentes de algo tienen las mismas consecuencias son en realidad la misma definición.

- Es imposible saber si una creencia es verdadera. La verdad de la correspondencia debe medirse entre dos partes de la experiencia. La verdad es lo que nos permite resolver un problema: y es lo más parecido a la acción.

- El humanismo para James debe entenderse como la teoría de que "si bien una parte de nuestra experiencia puede apoyarse en otra para hacerla lo que es en cualquiera de los varios aspectos en que pueda considerársela, la experiencia en su totalidad está encerrada en sí misma y no se apoya en nada". El humanista considera que la verdad es relativa a la experiencia cambiante y así relativa al hombre, y considera la verdad absoluta como "ese punto inestable ideal hacia el cual imaginamos que todas nuestras verdades en el presente convergerán algún día".


domingo, 13 de junio de 2010

Principio

La verdadera causa del actual estado de la educación es la manera en que se viste y coquetea con fórmulas pseudo-científicas sin disimular una admiración hacia sí misma, pues ese orgullo se esconde en una manifestación de altruismo e igualitarismo que le hace por completo ciego a su propia estupidez, a lo indiferente que le resulta al resto de la comunidad y a sus resultados pésimos en la formación. Tal orgullo es tan grande que no puede soportar una salpicadura de la verdad que no es más que su connivencia con el poder y con la negligencia de sus dirigentes, inspectores, directores... La educación programática no tiene ninguna previsión contra uno de sus mayores peligros: el tedio de los educadores y, sobre todo, el de los escolares para los cuales el centro de enseñanza resulta atractivo sólo en la medida que les permite escapar de casa. Es su medio de socialización y para ellos es mucho más importante los sucesos que ocurren a lo largo de una jornada fuera de las aulas que cualquier deseo de aprender en las clases impartidas. Si llegáramos a comprender lo insignificante que son para ellos los contenidos que se les da creeríamos, de una vez por todas, el valor nimio que posee la educación en su vida. El sentido de la educación, o su sinsentido, se puede aderezar con lo que se quiera pero cualquiera que posea un mínimo de honestidad intelectual sólo tendrá motivos para avergonzarse. Algunos educadores optimistas y, sobre todo, los padres minimizan esto último aduciendo que al menos es un hecho que están como pez en un agua que, de acuerdo, no es del todo pura, pero que les dota de los hábitos necesarios para el seguimiento de la carrera académica o la inserción en el mundo laboral. Nada más lejos de la realidad. El aire en los centros de enseñanza es asfixiante para cualquiera que reconozca la libertad como la finalidad última de la formación. Un horario delimitado de materias impartidas con más o menos acierto, sin solución de continuidad, agotador, deja al alumnos fatigado de comportarse bien: pues tal norma implica exclusivamente copiar o asimilar materias para después descargarlas como una fotocopiadora. El inocente profesor que intenta conectar con la vida de sus pupilos pronto es descartado como objeto de atención: si no hay examen todo deja de ser importante. Al ingenuo profesor se le escurren los alumnos como el agua entre las manos y en el momento que decide manifestar su autoridad nota de inmediato que su éxito se debe a un fingimiento pero nunca a una verdadera comunicación. Nuestro profesor se va rompiendo y va tomando en la medida de los años un aire de rectitud que oculta sus ansias frustradas. La única salida a esta dicotomía entre comunicación y autoridad es la adopción de cierto sentido del humor que bloquee las conductas adquiridas y viciadas e intente abrir un camino hacia lo que ellos consideran importante. Pero tal estrategia requiere una destreza muy especial: hay que saber cuándo van a caer, dónde van a caer, ocultando que el educador lo sabe, y, antes de que puedan recuperarse, introducir la seriedad del discurso sin subrayar cuál de las dos partes es la importante. Nunca se podrá moldear la afectividad, las facultades cognitivas y desiderativas, con verdadera eficacia si no es haciéndoles tropezar de este modo. Por otra parte resulta la única manera que el educador pueda dar algo valioso: esto es, comunicar con la energía necesaria para arrancar en ellos el entusiasmo. Ninguna curiosidad es pesada ni puede desprenderse del atril o del programa. Todo gusto por las letras, las artes o las ciencias debe iniciarse como algo agradable y para ello es necesario preparar un terreno abonado de buen humor. Lo risible o lo ridículo formalizado es una buena manera de conseguir ese estado. No hay ningún peligro de relativizar la autoridad o el área a la que se pertenezca. Por otro lado, el hecho teatral de por sí dota al educador la desinhibición que debe mostrar en el gusto por lo que está impartiendo. Esa inclinación es lo que verdaderamente hará tropezar los cerebros receptores pues siempre hay que evitar que éstos se despeguen del cuerpo, del gesto y de la afección. El humor son las ramitas que van a alimentar el fuego que queremos que arda. De nada nos sirve para la ignición la arena insensible de una introducción, de un índice o de una valoración sobre la importancia de lo que se va a impartir. El educador no puede ofrecer lo que no tiene. Sin una pizca de locura jamás se logrará el oxígeno necesario para que él mismo se encienda, cuánto menos el de los educandos. Una vez encendida la hoguera del conocimiento se podrá coger con la mano y a través de la palabra la atención como si de un ejercicio de hipnosis se tratara. En ese estado de sugestión es cuando la verdad ocurre y se produce la admiración: hay que aprovechar al máximo ese momento para establecer las conexiones respecto del programa que antes se ha suprimido y tratar de crear la expectativa en el recorrido de lo que va a enseñarse. Se ha de ser muy rápido en detectar ese estado: puede adivinarse por los síntomas de extrañeza, muecas de incredulidad, y, sobre todo, mutismo. El silencio se convierte en un campo de gravedad que atrae a la siguiente frase con una fuerza sobrenatural. Prolongar ese silencio hasta que parezca inaguantable. El docente no debe ceder aquí ninguna rotura del discurso. La seriedad que se respire debe ser tan grave que el que se halle desconectado sufra cabizbajo el no poder seguir el juego que todos los demás participan. El resto ha comenzado a pensar. Cuando toque el timbre no se moverán de sus asientos.

Es una buena señal que la secuenciación del programa se vea pronto deshecha y que se permanezca como a la deriva. Es la señal de que las dimensiones exactas que se habían calculado han sucumbido a un proceso vital, que la representación se ha visto superada por un trayecto cuyo rumbo no responde al timón del líder. En la pérdida pueden encontrarse las islas de la bienaventuranza, por utilizar un símbolo homérico, y, en el caso de que no se puedan abordar hay que rodearlas de un al otro costado, hay que distanciarse y volver. Es la única manera de que la evidencia que se puede provocar se convierta en instrucción. Ningún alumno cree en las brújulas y mapas que se le dan, son, para ellos, nortes fingidos con los que el docente declina toda responsabilidad y ellos su interés. No hay cartografía válida si no ha sido trazada por el itinerante, por eso es necesario ponerse el uniforme de contienda y afrontar las lecciones como una viaje en el que se queman las naves de lo sabido, lo creído o lo esperado. Todos los hombres, como decía Hume, están instalados en las costumbres, que son como la Arcadia más o menos lujosa. La labor educativa consiste en arrancarles de ese paraíso benigno en el que viven destruyendo la paz que abrazan con la fuerza que provoca el miedo. Destruir el miedo es muy difícil. Como decía Platón la única manera de deshacerse de él es a través del éros, de la belleza. Deben ver evaporado su mundo de letras acuñadas en su mente por una niebla que les deshaga el mundo conquistado y desate un enjambre de dudas. Y deben ver entre la niebla un conjunto de posibilidades, un mundo abriéndose que ni siquiera habían soñado. Ese es el sentido de ver conectado lo que antes permanecía inconexo. Eso aniquila el miedo y es tan sencillo como trazar una línea entre dos puntos. Es la experiencia de lo bello: la sensación de estar volando por donde antes sólo se veía oscuridad. Es una vivencia magnética y se anticipa a toda dirección. Por eso es tan aconsejable que se pierda de vista el programa. Si no es por negligencia significará que se está enseñando y no adoctrinando. Uno de los síntomas del éros educativo es que inhabilita las opiniones anteriores o cualquier tipo de arrogancia, las mentes se abren compulsivamente. Todos los que pescan saben que las buenas piezas, una vez han picado, deben cansarse. Se les da sedal y se les deja deambular. Nunca se tira de ellos.